06 junio, 2009

El Grupo Orígenes


En los años 30 comienza a integrarse dentro de la vanguardia el Grupo Orígenes alrededor de la figura de José Lezama Lima.
El trabajo del grupo intelectual se alza como defensor de la creatividad y con preocupaciones e inquietudes estéticas semejantes, sin embargo estará formado por una heterogénea individualidad en cada uno de sus integrantes. El grupo vive más la expresión del arte como un sentimiento espiritual y no precisamente, como un camino ideológico. El grupo queda constituido como tal en 1944 con la aparición de la revista Orígenes y posteriormente con el cese de esta publicación, el grupo se considera disuelto en 1956. Los números de la revista Orígenes se identificaban con la estaciones del año. De esta manera, el primer ejemplar publicado corresponde a la primavera del año 1944.
Los editores serán Lezama Lima y José Rodríguez Feo.
Al Grupo Orígenes, se le atribuyen valiosas reflexiones alrededor de la poesía y del arte en general. Paralelamente a su revista (Revista Orígenes), aparecen también las Ediciones Orígenes en las que se publicará la obra de los que se agruparon alrededor del grupo.
En 1948 aparece una antología preparada por Cintio Vitier: Diez poetas cubanos 1937-1947 (Lezama, Cintio Vitier, Fina García Marruz. Eliseo Diego. Octavio Smith, Angel Gaztelu, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Virgilio Piñera y Justo Rodríguez Santos) en la que se define el quehacer del grupo y los rasgos sofisticados de su poética en las palabras de Vitier:

Y en efecto a las bellas variaciones en torno a la elegía, la rosa, la estatua (típicas de la generación anterior, y persistentes aún en otros países hispanoamericanos), sucede entre nosotros un salto, que diríamos en ocasiones sombrío de voracidad, hacia más dramáticas variaciones en torno a la fábula, el destino, la sustancia; el justo y transparente endecasílabo es abandonado por un verso imperioso e imprevisible, una poesía de deliquio, en fin, da paso a una poesía de penetración. Comprobamos así cómo el intimismo esteticista (usadas estas palabras en su sentido estrictamente descriptivo) se abre a la aventura metafísica o mística, y por lo tanto muchas veces hermética. El poema, de más compleja melodía o alterado contrapunto, crece y se rompe por todas panes bajo la presión de ese universo desconocido y anhelante que de pronto ha querido habitarlo, y cada poeta inicia, estremecido por la señal de José Lezama Lima en Muerte de Narciso (1937) la búsqueda de su propio canon, de su propia y distinta perfección.
(Cintio Vitier, Diez poetas cubanos, Ed. Orígenes, La Habana, 1948).

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