06 febrero, 2010

Los abstractos

"El grupo de los Once", fue la primera y verdadera generación de pintores que protagonizó el abstraccionismo en la pintura cubana. En 1953, un grupo de artistas toman distancias respecto a sus antecesores y deciden una estrategia iconográfica diferente. Si bien en la primera Vanguardia plástica cubana trabaja cada uno por su cuenta, (participando --y debe subrayarse-- en salones colectivos y luchando contra la Academia) el nuevo grupo de pintores siente la necesidad de formar un colectivo, de agruparse con el fin de propagar ideas e incrementar las sedes institucionales para el intercambio de nuevas concepciones. El estímulo de la pintura anterior de vanguardia,  de los Informales y su enorme influencia desde Nueva York, sumadas a las confluencias del cubismo,  todos los Ismos, y el alejamiento de todo tipo de cánones en Europa, son vientos renovadores que se asimilan también en la Habana y a su vez en las instituciones culturales que surgen por esos años en Cuba. El abstraccionismo se apoya en colores y formas y va mucho más allá del espíritu sintético de los movimientos previos, minimizando la importancia del tema subyacente en la obra. Pretende un arte con una finalidad en sí mismo. La abstracción a su vez, puede ser cromática o poética basada en la expresión o simbolismo de los colores y también en el estado de ánimo, en los distintos raptus del artista que quiere transmitir una esencia al espectador. Mientras que la abstracción geométrica sugiere una simplificación de los colores y formas con la ayuda de la matemática y la geometría. Es una ruptura total de lo figurativo que puebla la obra de representaciones y signos.
Cuando comparecen los abstractos en Cuba,  años 50' precisamente, La Habana se encuentra en plena efervescencia y está cambiando radicalmente. La Rampa, por ejemplo, es un centro vital urbanístico y social. Muchos pintores participan en la decoración de nuevos edificios, hoteles, sociedades y tal es el caso de Amelia Peláez. Portocarrero, Cundo Bermúdez, entre otros. Todas las artes, pintura, escultura, diseño, teatro, cine, música comienzan a vincularse, se necesitan unas a otras y confluyen. Estos innovadores pintores respetan a los anteriores, sobre todo a Lam, pero la sensualidad cromática y los interiores tranquilos de ambientes domésticos serán, a estas alturas, un tema ya agotado. Se necesita libertad en el ademán del trazo, buscar con sutileza, hasta la médula el signo gráfico.
Un grupo de pintores y escultores sin manifiestos vanguardistas escoge un número por ventura para autodesignarse, un número sin ningún significado en especial. Se podría deducir, que quizás, el 11 al ser representado por dos lineas, quiera indicar un camino, un itinerario de dos vias que conducen, que no se cruzan y van...Y aunque muchos piensen que se llamaron así por el número de sus componentes, pues se quivocan. Ellos no fueron sólo 11, fueron muchos más....Vale la pena precisar, que de cierta forma, el nombre tiene un origen documentado y la primera vez que fueron llamados de esta manera fue por la exposición de exactamente 11 de estos artistas en 1953, donde el escritor y crítico de arte Joaquín Texidor,  realizó una reseña con el nombre "Once pintores y escultores en La Rampa".
En un inicio el grupo estuvo formado por Francisco  Antigua, René Avila, Agustín Cárdenas, Fayad Jamís, Hugo Consuegra, Guido Llinás, Tomás Oliva, José Antonio Díaz Peláez, Viredo Espinosa y Antonio Vidal. A partir de entonces, algunos se separaron y otros se sumaron posteriormente, comenzando a realizar así distintas muestras colectivas con el metafórico nombre de: Los once.
Los artistas del grupo, sin embargo, poseían una neta individualidad y vale aclarar que también detentaron marcadas diferencias a pesar de las convergencias expositivas e ideales estéticos. Sin duda alguna, la estrategia de tener una influencia entre ellos, desde el punto de vista intelectual y artístico, propició el surgimiento de cambios plásticos  rotundos y favoreció completas variaciones retóricas alrededor de la cultura. La polémica fue entonces entre la pintura realista,  también presente en este momento con transformaciones epocales profundas y la nueva y controvertida abstracción. Los once, admiran el informalismo abstracto, lo hacen suyo también desde el punto de vista político pues lo convierten en elemento de lucha contra lo viejo, rompen con el canon impuesto por las generaciones anteriores y miran abiertamente al exterior. Ello trajo como consecuencia en numerosas ocasiones arremetidas por parte de la crítica. En realidad, con esa táctica grupal, beneficiaron un período de cambios y de espectativas, una especie de calentamiento del terreno mental, que se concretó y se plasmó con inmensa riqueza en la sucesiva década de los 60'.
Justo a los diez años del surgimiento de Los once, en 1963, se realizó una exposición con el nombre de "Expresionismo abstracto" en la Galería de la Habana y aquellos que habían comenzado ya no serán los mismos. Las interrelaciones de las artes se acentuaron cada vez más y cada uno de ellos continuó su propio rumbo estético. No obstante, esta dimensión artística evidencia su actualidad por donde quiera que se mire y retorna siempre al arte contemporánea como afirmara Pedro de Oraá:

"Considero que la abstraccion está viva, no ha muerto, tiene una vigencia extraordinaria y tiene que ser así porque es la experiencia más original del arte del siglo XX". (1)
En la foto: Tomás Oliva y Raúl Martínez


Tomás Oliva
Óleo sobre lienzo
"Sagua de Tánamo" (1958)


Agustín Cárdenas,
"Pareja Antillana", al bronce, 1959

Por  Ariadna García Espinosa
Bibliografía e Imágenes:
Revista Revolución y Cultura, N. 1/99 pp. 20-33: Graziella Pogolotti "Los once en el viraje de los cincuenta", Carina Pino-Santos "El camino de la abstracción" y Raúl Martínez "Los Once".
Graziella Pogolotti, «Expresionismo abstracto» en  Exámen de conciencia, Uneac, La Habana, 1965.
Adelaida de Juan, «La plástica en Cuba en 1953» en Pintura cubana, temas y variaciones, Uneac, La Habana, 1978.
(1)- Entrevista de Carina Pino-Santos a Pedro de Oraá en fecha 05/02/1999. 



  

3 comentarios:

Liberto dijo...

Laberintos no decaigas, contigo aprendemos muchas cosas. Excelente post!

Daphne Rosas dijo...

Definitivamente un artículo muy interesante.
Deberían subir entradas más a menudo.
Saludos,

Anónimo dijo...

Hola laberinto, deberias escribir con mas frecuencia. Un pajarito me dijo que eres de La Habana, y Fayad Jamis me dijo:
Qué sería de mí si no existieras,
mi ciudad de La Habana.
Si no existieras, mi ciudad de sueño
en claridad y espuma edificada,
qué sería de mí sin tus portales,
tus columnas, tus besos, tus ventanas.
Cuando erré por el mundo ibas conmigo,
eras una canción en mi garganta,
un poco de tu azul en mi camisa,
un amuleto contra la nostalgia,
Si viví un gran amor fue entre tus calles,
si vivo un gran amor tiene tu cara,
ciudad de los amores de mi vida,
mi mujer para siempre sin distancia.
Si no existieras yo te inventaría
mi ciudad de La Habana.