03 julio, 2009

Tema central: la añoranza


El recuerdo o evocación de las memorias es un asunto que siempre ha seducido, encantado y emocionado a muchísimos escritores. También ha sido motivo de innumerables estudios, donde agrego mi personal interés por éste tipo de argumento. A menudo, la literatura que posee un contenido nostálgico tiene mucho que ver con la biografía del autor. En los análisis de teoría literaria, la biografía de quien escribe se adentra y forma parte de la estructura extrínseca del resultado literario. Mientras el tema o contenido, forma parte del estudio intrínseco de la obra. El método biográfico, utilizado por los filólogos, a veces admite y rechaza muchas influencias de la vida del artista que podrían ser determinantes o no, en la obra de arte. De la inclusión de elementos autobiográficos se ha dicho, que incluso, cuando existe una íntima relación entre el resultado artístico y la vida del autor, nunca debe interpretarse en el sentido de que la obra de arte sea simple copia de la vida*1.
Hablar de la añoranza en la literatura cubana escrita fuera de Cuba implica que las premisas biográficas sean evidentes e incluso se circunscriban, inevitablemente, en los diferentes enlaces que encuentran correspondencia en la memoria, el dolor y la melancolía. De esta forma, artistas de diferentes sectores han hecho de la añoranza un hilo conductor para la creación y recreación del pasado. En ese camino pretérito utilizan los recuerdos como medio para enlazar y establecer conexiones nostálgicas con su propia historia. De esta manera se establece un dualismo personal y cultural. El poeta es de allá pero también de aquí, o quizás la verdadera respuesta sea, que a estas alturas del camino, no pertenece ya a ninguna parte. Se aclimata en su cultura múltiple. Pero invariablemente, vuelve la morriña, el gorrión, las rememoraciones y transcribe con la pluma su sensación de dualidad y de paralelismo ambiguo. La reconstrucción del pasado deviene una búsqueda de identidad, o lo que es lo mismo, una identificación con las equivalencias profundas, con las raíces más recónditas, las cuales se idealizan y al mismo tiempo se anhelan.
En el año 1995, Ambrosio Fornet escribe un admirable artículo para la
Gaceta de Cuba*2, que tituló “El discurso de la nostalgia”, donde analiza y comenta un estudio sociolingüístico realizado por dos profesoras universitarias (Silvia Burunat y Ofelia García) las cuales elaboraron una antología temática de la literatura escrita en los Estados Unidos por autores nacidos en Cuba. Veinte años de literatura cubanoamericana. Antología 1962-1982. Tempe (Arizona) Bilingual press/Editorial Bilingüe, 1988.
Fornet, examina el contenido de los textos y llega a la conclusión de que la mayoría de los temas están directamente entrelazados con el motivo de la nostalgia y además agrega una oportuna observación que vale la pena poner en evidencia:

Se advertirá la obsesiva frecuencia con que el espacio y el tiempo, lo individual y lo colectivo se funden aquí en visiones simultáneas, curioso fenómeno cuya explicación pudiera hallarse en la idea, expuesta por Saint-Exupéry, de que la patria es la infancia. De ahí que para estos poetas evocar un tiempo sea recuperar un espacio, y viceversa y que ese espacio mítico, suprahistórico, suele estar libre de tensiones personales y conflictos sociales. Eso da lugar a poemas narrativos o descriptivos en los que el sujeto lírico, reconciliado con su situación, se entrega al rito de nombrar las cosas como un simple acto de magia*3 .

La tesis antes expuesta es irrebatible y se debe agregar que el factor político es obvio en estos poemas, aunque no se verifica como principio sustancial en primera instancia. De esta excelente antología, dejo aquí algunas poesías que conmueven, pero lo mejor de todo son los finales que estremecen.


LA MISMA VOZ de Jesús J. Barquet (La Habana, 1953)
Cáscara soy de mi, que en tierra ajena
Gira, a la voluntad del viento huraño,
Vacía, sin fruta, desgarrada,
rota.
José Martí
A veces, cada vez más seguidas,
nos escriben los amigos que dejamos
no atrás sino allá.

Nos hablan
con una voz que nunca antes escuchamos:
nos suplican, padecen
una falta de luz, de fe, una expiación
cuya culpa desconocen

y buscan
desesperadamente en nosotros
un alba de salvación, cualquier gesto
que les devuelva la antigua voz, aquella inocencia
anterior a la desilusión.
Como si nosotros no la hubiéramos perdido también
como si esas luces que desde aqui les llegan
no fueran en realidad nuestra noche
esta alga urticante lentamente invadiendo
nuestros cuerpos vacíos.

AQUI de Magaly Alabau (Cienfuegos, 1945)

Aquí
Las sabanas y colchas son trincheras
Si fuera Aladino
caería en la playa caliente de mi infancia. Te visitaria.
¿Te pintas el pelo todavía?
En el armario estarán las cartas de tu amante, mis
fotografías de niña opaca,
postales de escuelas, recuerdos que se sientan conmigo
en los subways.
Quiero respirar La Habana, recuperar el misterio de mi vida.
Ver los faroles y el oleaje del malecón picando el muro.
El frío me tulle.
En esta ciudad no se oyen campanas,
no huelen los dulces, ni el pan es caliente.
Quisiera tomar guarapo, mirar las palmas, oír el pregón de
los mangos.
Me congelo en la mugre de los sacos de nylon entre los
ruidos y el olor desinfecto.
Quisiera gastar las calles del Prado,
Visitar los hoteles -las guaridas de la noche-
tocar le mármol de los parques.
Meter las manos en los charcos de agua,
mojarme en la llovizna, empaparme.
Comer al mediodía el arcoiris y los papalotes.
Ver lavar en las bateas, correr después de tomar ron,
visitar a mis amigas, contarles
decirles que mi lengua no habla este idioma
trabada la ilusión extraña las palabras
las palabras las palabras
no es lo mismo decir window que ventana
no es lo mismo decir house que casa.


PALABRAS (fragmento) de Lourdes Casal (La Habana 1938-1981)

[...] Nueva York es mi casa,
Soy ferozmente leal a esta adquirida patria chica
Por Nueva York soy extranjera ya en cualquier parte [...]
Pero Nueva York no fue la ciudad de mi infancia,
no fue aquí que adquirí las primeras certidumbres,
no esta aquí el rincón de mi primera caída
ni el silbido lacerante que marcaba las noches.

Por eso siempre permaneceré al margen,
Una extraña entre estas piedras,
aun bajo el sol amable de este día de verano,
Como ya para siempre permaneceré extranjera
aun cuando regrese a la ciudad de mi infancia.
Cargo esta marginalidad inmune a todos los retornos,
Demasiado habanera para ser neoyorkina,
Demasiado neoyorkina para ser,
- aun volver a ser -
cualquier otra cosa.


*1- Rene Wellek y Austin Warren, Teoría literaria, Editorial Gredos, Madrid,1959.
*2- AA, La Gaceta de Cuba, Uneac, La Habana, N° 4, julio- agosto 1995,
*3- Ídem, pp. 32-51

3 comentarios:

Boletín dijo...

Sencillamente genial tu escrito, intuitivo y bien expuesto, pude saborear muy bien la idea. También me agrada mucho el tema. Tendría que conseguir esa Gaceta con el artículo que dices y comprar la antología para empaparme bien de esos autores. Gracias por la anticipación. Los poemas me hicieron palpitar por la añoranza que llevamos a cuesta.

guillermo aldaya dijo...

Gracias por la visita, por el elogioso comentario! Y por todos estos laberintos, en que ya ves, nos empeñamos en encontrarnos.
Me han gustado estos textos. Por qué no me pones en comunicación con Magaly y Barquet?
Obviamente, vuelvo por acá en cualquier momento. Suerte!

David Lago González dijo...

Me gusta tu texto, pero creo que muchas veces se abusa de "la nostalgia" como denominación y esa etiqueta es proclive para caer en el facilismo. Toda vida tiene diferentes etapas. A veces esas etapas se desarrollan en diferentes espacios geográficos. Pero el referirse a ellas, o a ciertos aspectos suyos, no lleva implícito, obligatoriamente, la nostalgia, la añoranza y esa terrible e injusta balanza en que sólo aparece lo perdido pero lo ganado nunca tiene forma.
Un saludo.